La precariedad en la infraestructura educativa vuelve a golpear a cientos de estudiantes que asisten a clases en condiciones críticas, entre aulas improvisadas, baños colapsados y mobiliario deteriorado.
En la unidad educativa Tundy, niños de prekínder reciben clases bajo un techo construido con botellas recicladas, una estructura artesanal que apenas logra protegerlos del sol y del frío. El ambiente carece de paredes y permanece expuesto al viento y a las bajas temperaturas.
La maestra Nancy Chávez debe dictar clases utilizando una pizarra colocada sobre el piso, mientras intenta mantener atentos a los estudiantes en medio de las distracciones y la incomodidad que genera pasar clases prácticamente a la intemperie.
Padres de familia y docentes iniciaron por cuenta propia la construcción de un aula, pero solo consiguieron levantar las paredes. Ahora buscan apoyo para instalar el techo, puertas y ventanas, debido a que los aportes económicos ya no alcanzan.
“Granito a granito hemos avanzado, pero ya no sabemos de dónde sacar recursos”, señaló la directora encargada, Lucila Arenas, quien explicó que las autoridades realizaron algunas reparaciones menores, aunque las necesidades más urgentes siguen sin solución.
La situación también afecta a otros establecimientos educativos. En el módulo donde funcionan las unidades Luis Antonio Áñez y Daniel Campos, en el Plan Tres Mil, los baños presentan rebalses constantes y generan malos olores que se extienden hasta las aulas y corredores.
Además, varios ambientes tienen vidrios rotos o carecen completamente de ventanas, por lo que docentes y estudiantes utilizan cartones para cubrir los espacios y reducir el ingreso del frío.
La infraestructura es compartida por dos colegios y soporta una elevada cantidad de alumnos en distintos turnos, situación que aceleró el deterioro de los servicios básicos y de los ambientes escolares.
Juntas escolares y padres de familia denunciaron que desde hace meses vienen solicitando mantenimiento y ampliaciones, pero las respuestas aún no llegan. Mientras tanto, maestros y estudiantes continúan adaptándose para evitar la suspensión de clases en medio de las limitaciones.
